lunes, 28 de febrero de 2022

Un recuerdo personal de Maru Enríquez (In memoriam)


La conocí en 1976, poco después de afiliarme al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT). Como fui votado Secretario de Relaciones Culturales del Comité Delegacional Tlalpan, una de mis obligaciones era acudir a las asambleas ordinarias del Comité Nacional del PMT que presidía el ingeniero Heberto Castillo y del Comité del Distrito Federal que encabezaba Eduardo Valle “El Búho”. Las asambleas tenían lugar en la sede del partido, un vetusto edificio en la calle de Bucareli que quedaría inservible nueve años después, por el terremoto de 1985.

  En las juntas (las del Comité Nacional eran los sábados a mediodía) pude conocer de cerca no sólo al gran Heberto (tenía un sentido del humor divertidísimo, por cierto) sino a otros personajes de aquella izquierda mexicana de los años setenta, como el legendario ex líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo o ex líderes del movimiento estudiantil del 68, como el propio “Buho” o Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, entre otros. A aquellas reuniones acudían representantes de los comités estatales de todo el país (obreros, campesinos, líderes de colonos, empleados, estudiantes) y había fuertes y apasionadas discusiones políticas en las que el ingeniero Castillo solía ser casi siempre el fiel de la balanza. Desde mi izquierdismo absoluto de aquellos días (tenía 21 años y era fiel creyente del socialismo, admirador total de Fidel Castro y el Che Guevara, fan de la URSS y odiador del imperialismo yanqui: un chairo hecho y derecho, aunque en esos tiempos no se nos llamaba así). 

  El caso es que además de las discusiones y las órdenes del día, en las asambleas también había música y casi siempre la hacía un cuarteto llamado La Nopalera, el cual normalmente abría sus presentaciones con una canción llamada “Comité”, un tema musical cubano que glorificaba a los Comités de Defensa de la Revolución y que decía: “En cada cuadra un comité / En cada barrio revolución / cuadra por cuadra / barrio por barrio / país en lucha / revolución” (en esos días muchos pensábamos que los C.D.R. eran algo positivo y desconocíamos que se trataba del más eficaz y siniestro instrumento de espionaje interno del gobierno castrista). 

  La Nopalera fue fundada en 1975 y estaba conformada por Arturo Cipriano (flauta, sax y voz), Marcial Alejandro (guitarra acústica y voz), Arturo Izquierdo (guitarra acústica y voz) y una joven cantante de voz muy bonita y presencia muy atractiva, llamada Maru Enríquez. De escasos 19 años, a todo mundo le encantaba Maru, quien si no me equivoco era la pareja de Arturo Cipriano (aunque terminaría al lado de Marcial Alejandro, con quien tendría una hija varios años después).

  Como para entonces yo ya tocaba la guitarra y componía canciones, me hice amigo de los nopaleros, sobre todo de Cipriano. El extraordinario flautista me animó a presentar en público las piezas de temática política y social que yo escribía en esa época y así fue como di a conocer algunas frente a mis compañeros de partido (recuerdo lo emocionado que estuve cuando canté dos o tres de ellas enfrente de Heberto Castillo, a quien admiraba sobremanera, acompañado por la flauta del buen Arturo). 

  La verdad es que a Maru sólo la saludaba y la veía de lejecitos. Me encantaba, pero era la chava de Cipriano y además yo iba siempre acompañado de mi entonces pareja y futura madre de mis hijos. Fueron dos o tres años de actividad intensa en el PMT, del que luego me fui alejando por diversas circunstancias y al que terminé por abandonar en definitiva cuando en 1987 se fusionó con el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) para conformar al Partido Mexicano Socialista (PMS). Dejé de ver también a los miembros de La Nopalera y mi vida tomó otros rumbos (desde 1979 había yo entrado a laborar en Editorial Posada, muy ligada por cierto al PMT).

  Una de las últimas veces que me encontré con los nopaleros fue cuando me invitaron a verlos ensayar en una casa de Coyoacán. Al llegar, me enteré de que Maru ya no estaba en el grupo y que en su lugar había entrado una prima suya. Cipriano me la presentó. Era una jovencita muy linda que me saludó con una gran sonrisa y me dijo: “Hola, soy Cecilia”. Después me enteraría de que se apellidaba Toussaint.

  A Maru Enriquez volvería a verla unos diez años después, de la manera más impensada. Fue en 1987, en la ciudad de Xalapa. Yo estaba trabajando en el que sería mi primer libro, Más allá de Laguna Verde (Editorial Posada, 1988), una investigación periodística sobre la polémica planta nuclear situada en el estado de Veracruz. Había ido a Xalapa para entrevistar a algunos militantes del movimiento antinuclear. El último día de mi visita, me encontraba en la estación de autobuses de la ciudad, a punto de tomar la unidad del A.D.O. que me traería de regreso al DF. De pronto, entre las personas que aguardaban para abordar el camión, vi a una mujer muy bella y la reconocí de inmediato. Dudé si acercarme o no a ella. ¿Se acordaría de mí? Finalmente me aproximé, me presenté y aunque le costó algo de trabajo, terminó por recordar quién era yo. Debo decir que las siguientes cuatro o cinco horas fueron estupendas, ya que viajamos juntos sin dejar de charlar hasta nuestro arribo a la Terminal de Autobuses de Oriente (la TAPO). Ahí nos despedimos, quedamos en vernos “algún día” y cada quien tomó el transporte a su casa. No volvería a verla en persona, si bien por allá de 2010 nos toparíamos en Facebook y nos admitiríamos como amigos virtuales. Pero salvo uno que otro breve y amable saludo por el chat, nunca pudimos desarrollar una amistad presencial.

  En 2012 me enteré de que estaba muy enferma, pero en ese momento no supe de qué se trataba (padeció dos infartos cerebrales que afectaron gravemente su visión y la movilidad de sus piernas). Los meses pasaron. En 2013, conocí a un muy buen grupo mexicano de rock llamado Belafonte Sensacional, me hice amigo de sus dos principales integrantes (Israel Ramírez e Israel Pompa Alcalá) y en uno de sus conciertos, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, vi que con ellos cantaba una jovencita de excelente voz, llamada Luz, y supe que era la hija de Maru Enriquez y Marcial Alejandro (quien falleciera en 2009, a los 54 años). La saludé y le conté que conocía a su mamá. 

  Maru Enríquez falleció el pasado 2 de febrero. Aunque conservó intactas su lucidez mental y su memoria, nunca pudo recuperarse físicamente de los infartos cerebrales sufridos hace diez años y que la obligaron a usar una silla de ruedas. No obstante, tuvo la entereza y la fuerza de voluntad para sobreponerse y seguir trabajando como conductora en programas de radio e incluso continuó cantando. 

  Nacida en 1957, tenía 65 años al partir. Gran quinqué, su tercer y último disco, ya como solista, data de 2003. Antes había grabado ¡Ah qué la canción! (1999) e Y mi voz que madura (2002). También colaboró con otros músicos, como Jaime López, y tuvo su propio grupo: Salida de Emergencia. 

  La recuerdo con admiración, afecto y nostalgia. Descanse (y siga cantando) en paz.


(Publicado hoy en mi columna "Memorias de un melómano sarnoso" de "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

viernes, 18 de febrero de 2022

10 temas de 10 hijos del rock… y otros géneros


Con más de 60 años y medio de historia a cuestas, el rock ha sido la banda sonora de varias generaciones de amantes de la música. Así, los pioneros más antiguos –algunos de los cuales aún sobreviven– dieron su lugar a hijos y hasta nietos que en algunos casos continuaron su camino, aunque casi nunca –hay que decirlo– con la misma fortuna. Veamos aquí una decena de canciones de una decena de hijos de grandes leyendas del rock y otros géneros afines.

1.- “Over Me”. Lisa Marie Presley (Del álbum Storm & Grace, 2012). La hija del más que mítico Elvis Presley grabó su primer disco (To Whom It May Concern) en 2003, a la ya no tan joven edad de 35 años. Aunque es cantante y compositora, en realidad nunca ha mostrado demasiado interés por la carrera musical y por ello sólo ha grabado tres álbumes en su vida, siendo el segundo Now What, en 2005, y el tercero Storm & Grace, al cual pertenece esta canción entre country, blues y rock. Un buen tema, una aceptable interpretación… y nada más.

2.- “One Headlight”. Jakob Dylan (Del álbum Bringing Down the Horse, 1996). El  menor de los cuatro hijos de Bob Dylan y Sara Lownds ha llevado una carrera musical muy respetable y medianamente exitosa. Ya sea como solista o al frente de su grupo The Wallflowers, Dylan chico es un buen compositor y lo demuestra con canciones como la estupenda pieza que aquí presentamos. 

3.- “Born Slippy”. Albert Hammond Jr. (Del álbum Momentary Masters, 2015). Más conocido como segundo guitarrista y ocasional tecladista de los Strokes, este nacido en Los Angeles hace 40 años es hijo del cantautor del mismo nombre, quien logró cierta fama a fines de los años sesenta y principios de los setenta de la centuria pasada. Como solista, tiene cuatro discos que no han trascendido demasiado


4.- “Little Fishes”. Sean Lennon (Del álbum South of Reality, 2019). El hijo de John Lennon y Yoko Ono resultó un músico interesante, aunque no muy constante. Desde sus trabajos solistas hasta sus colaboraciones con el fantástico bajista Les Claypool (Primus), el vástago del desaparecido beatle ha dado muestras de un talento singular, aunque un tanto indefinido en sus propuestas. He aquí el tema abridor del segundo álbum del proyecto psicodélico Claypool Lennon Delirium.

5.- “Cheer Up Baby”. Elijah Hewson (Del álbum It Won’t Always Be Like This, 2021). Vástago nada menos que de Bono (U2), Elijah Hewson es el líder del grupo irlandés Inhaler y aunque su voz recuerda mucho (¿demasiado?) a la de su progenitor, hay que decir que su propuesta es bastante buena. A sus 22 años, el joven músico parece tener un buen futuro propio.


6.- “Tomorrow People”. Ziggy Marley (Del álbum Conscious Party, 2009). Nacido en Jamaica hace 53 años, el heredero musical del legendario Bob Marley debe su nombre a que su padre era un gran admirador de David Bowie y del álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Con un estilo de hacer reggae muy similar al de su papá, Ziggy ha seguido sus pasos y continúa en activo haciendo muy buena música.


7.- “Let’s Talk About It”. Dweezil Zappa (Del álbum Havin’ a Bad Day, 1986). El apellido lo dice todo. Dweezil es el segundo de los cuatro hijos del absolutamente genial Frank Zappa y aunque se ha dado a conocer sobre todo como un excelente guitarrista y gran difusor de la obra de su padre, también ha grabado algunos discos como solista, más un par con su hermano menor, el también guitarrista Ahmet Zappa. El video que aquí presentamos es muy curioso, pues se trata de una composición de Dweezil (quien tenía escasos 17 años), cantado por su hermana mayor, Moon Unit, y con las actuaciones del propio Frank, de su madre Gail y de un Ahmet aún niño, además del actor Roger Moore y otros personajes conocidos. El solo de guitarra es asombroso (no en vano tuvo como maestros a Steve Vai y a su propio papá). 


8.- “Heaven Can Wait”. Charlotte Gainsbourg (Del álbum IRM, 2010). Aunque es más conocida como actriz, la hija del controvertido músico francés Serge Gainsbourg y la también actriz Jane Birkin es también una excelente intérprete, de voz discreta y sensual. “Heaven Can Wait” forma parte del exitoso disco que le produjo Beck hace una docena de años.

9.- “We Go Home”. Adam Cohen (Del álbum We Go Home, 2014). Exacto: el hijo del gran Leonard Cohen. Un hijo del cual el gran poeta y cantautor canadiense se sentía plenamente orgulloso. Adam es un estupendo vocalista y un muy buen compositor, con un estilo distinto al de su progenitor, aunque en sus presentaciones suele incluir canciones de éste. Esta canción es una joya.


10.- “Hurts to Be Alone”. Norah Jones (Del álbum Pick Me Up Off the Floor, 2020). No mucha gente sabe que esta excelente pianista y cantante es hija del mítico sitarista hindú Ravi Shankar. El maestro que introdujo a George Harrison en la música de La India no sólo trasmitió su legado al ex beatle, sino que dio al mundo a una gran intérprete de jazz que ha logrado dotar a este género con algunos ganchos de fino pop, algo de soul y algo de rhythm and blues. Aquí una buena muestra de ello.


(Lista publicada el día de hoy en "Acordes y desacordes", la sección de música de la revista Nexos)

lunes, 14 de febrero de 2022

Eddie Vedder, ese terrícola entrañable


Difícil resulta separar la voz de Eddie Vedder del sonido de Pearl Jam. Después de poco más de treinta años de bregar juntos, los cinco miembros del grupo de Seattle (aunque el vocalista llegó de la californiana San Diego) son una leyenda viviente del grunge noventero y Vedder una de las voces señeras de esa apasionante época.

  Tomando en cuenta todo lo anterior, la escucha de Earthling, el flamante segundo disco como solista del cantante (apareció este viernes 11 de febrero), luego del poco recordado aunque agradable Ukulele Songs de 2011, resulta una luminosa sorpresa.

  A lo largo de las trece canciones que conforman el álbum (homónimo del LP de David Bowie grabado en 1997), Eddie Vedder se aleja un tanto del estilo pearljamiano y se sumerge en un rock menos áspero, menos arrebatado, menos dramático. De alguna manera, es como si olvidará estas últimas tres décadas y recurriera a la música que lo alimentó antes de llegar a la lluviosa ciudad del noroeste estadounidense que lo lanzó a la fama.

  Salvo en un par de piezas en las cuales se siente a plenitud la sombra de Pearl Jam, las once restantes recorren otros clases de rock, incluidas algunas preciosas baladas.

  Producido por Andrew Watt (quien lo mismo ha trabajado con la cantante de pop Miley Cyrus y el rapero Post Malone que con Ozzy Osbourne), el disco fue inicialmente grabado con un grupo base (llamado The Earthlings) constituido por Vedder, el guitarrista Josh Klinghoffer (quien estuvo con los Red Hot Chili Peppers en sus inicios), el baterista Chad Smith (de los mismos RHCP, claro), el cantautor, guitarrista y pianista irlandés Glen Hansard y el propio Watt en el bajo. Luego se sumaron varios notables y hasta impensados invitados como Ringo Starr, Elton John, Stevie Wonder y el tecladista original de los Heartbreakers de Tom Petty, Benmont Tench. 

  El álbum inicia con la conmovedora y declarativa “Invincible”, con ecos de Peter Gabriel y una letra idealista en la que el buen Eddie clama que todos somos invencibles y luminosos cuando amamos (“You got a light?”, pregunta amablemente al final de la canción. 

  “Power of Right” es una pieza vibrante y llena de poderío rocanrolero, mientras que “Long Way” es un evidente homenaje a Tom Petty –con Tench en el órgano, por supuesto– (el coro que clama “He took the long way / on the freeway” suena clarísimo a los Heartbreakers).

  “Brother the Cloud” es una bellísima y muy conmovedora tonada para un amigo muerto (hay quienes sugieren que se refiere al ya legendario Chris Cornell, con quien Eddie tuvo una estrecha amistad). La letra es realmente sentida y se percibe en ella la sinceridad que emana de la voz de Vedder. Espléndida.

  Por su parte, “Fallout Today” es otra hermosa balada-rock acerca de las segundas oportunidades y de cómo debemos aprender de nuestros propios errores sin hundirnos en el dolor (“Share the pain / shake the pain”). 

  Evidente tributo a Bruce Springsteen, “The Dark” es una canción de hermandad y solidaridad en estos tiempos oscuros, un canto de esperanza altamente emotivo. La música à la E Street Band no deja lugar a dudas sobre la intención de homenajear a “The Boss”.

  Una espléndida joya que aparece como escondida a la mitad de Earthling es “The Haves”, preciosa y sencilla canción de amor que a quien esto escribe remite al mejor Donovan, por la progresión de las armonías instrumentales y las acariciantes guitarras acústicas. Debo confesar que es mi favorita del plato.

  “Good and Evil” resulta totalmente Pearl Jam (pudo haber aparecido sin problemas en el Vs. de 1993 o en el Gigaton de 2020). Explosiva, frenética, un vértigo absoluto. Le sigue la igualmente dura “Rose of Jericho”, una crítica severa a la destrucción ambiental (“Forests fall / by hands of man like dominoes”). 

  “Try” es una divertida y vigorosa curiosidad en la que luce juguetona la armónica del mítico Stevie Wonder. Un tema que provoca sonrisas y alegría tan sólo por su sonido. Algo similar ocurre con “Picture”, con un delicioso piano a cargo de Elton John, quien canta a dueto con Eddie Vedder en esta composición esperanzadora y optimista (“Si dejamos que la oscuridad de estos tiempos nos destroce / Eso sería realmente un crimen / ¿Provoqué yo la tristeza en tus ojos? / Permíteme, por favor, que alivie tu mente atribulada”). Hay algo de country-pop muy en el estilo del propio Elton John.

  Con “Mrs. Mills” llega un abierto homenaje a los Beatles (o más precisamente a Paul McCartney –y un poco también a Cat Stevens), en un bello tema que parece arreglado por el mismísimo George Martin desde el cielo de diamantes. Ringo Starr hace acto de presencia en la batería.

  El álbum culmina con “On My Way”, una peculiar pieza difícil de describir (suena lo mismo a Faith No More que a Frank Sinatra) en la que Eddie canta al lado de su padre biológico, Edward Severson, de quien estuvo distanciado la mayor parte de su vida. Un final ciertamente singular e inesperado.

  Earthling es un trabajo en verdad estupendo. Un disco que deberá estar entre los mejores de 2022, aunque apenas estemos en febrero y el pronóstico parezca arriesgado. Hay que darse la oportunidad de escucharlo.


(Publicada el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

viernes, 4 de febrero de 2022

10 canciones sobre el “maldito” dinero

 

“¡Maldito dinero”, dice la vieja canción ranchera. Y es que ese estiércol del diablo (Giovanni Papini dixit) ha sido fuente de polarización para la humanidad prácticamente desde que las monedas fueron inventadas para reemplazar al trueque y facilitar el intercambio de productos. 

  “No pienses que el dinero lo hace todo o acabarás haciéndolo todo por dinero”, decía Voltaire, mientras que Mark Twain, por el contrario, afirmaba que “la falta de dinero es la raíz de todo mal”. Más recientemente, alguien por ahí ha venido sosteniendo que se puede vivir con 200 pesos y un solo par de zapatos. 

  El caso es que, más allá de consideraciones moralistas, el dinero es el motor de la economía y aunque pueda cambiar muy pronto de lo real a lo virtual (de hecho, una tarjeta de crédito o de débito es dinero virtual) o se impongan las criptomonedas, l’argent sigue siendo fundamental para que nuestras vidas marchen.

  El tema del dinero ha sido fuente de inspiración para muchos compositores, ya sea para condenarlo o para bendecirlo. Veamos una docena de ejemplos de esto y deseemos que nunca nos falten (como dice otra vieja canción popular) las tres cosas que hay en la vida: salud, dinero y amor.


1.- “Money (That’s What I Want)”. Barrett Strong. Del álbum Money” (That’s What I Want) Oh I Apologize (1959). Aunque esta canción se volvió mundialmente famosa por el cover que hicieron los Beatles en 1963 (en su álbum With The Beatles), la versión original se debe al cantante de soul Barrett Strong. Escrita por Berry Gordy Jr y Smokey Robinson Jr, pilares de discos Motown, se trata de una pieza más rocanrolera que soulera, aunque con un tipo de rock diferente al que estaban haciendo Chuck Berry o Jerry Lee Lewis en aquel momento. ¿Una loa al dinero? Si leemos la letra entre líneas tal vez descubramos otras intenciones más sarcásticas.

2.- “You Never Give Me Your Money”. The Beatles. Del álbum Abbey Road (1969). Parte fundamental del célebre popurrí del último disco que grabaron los cuatro de Liverpool, esta composición de Paul McCartney ironizaba sobre los problemas económicos por los que pasaba la corporación Apple, propiedad de los propios Beatles (“Salir del colegio y gastar el dinero / No veo futuro ni pago el alquiler / Todo el dinero se fue, no hay a dónde ir”). Inolvidable y muy divertida.

3.- “Money”. Pink Floyd. Del álbum The Dark Side of the Moon (1973). Un clásico absoluto. “Money” fue escrita por Roger Waters y es una crítica severa a la manera como el dinero gobierna a la humanidad desde siglos atrás. Con sensacionales aires de blues, el tema es una joya musical, con un solo de David Gilmour que sigue estremeciendo al escucha después de casi 50 años de haber sido grabado y un extraordinario sax tocado por el músico de sesión Dick Parry. Quien no haya escuchado jamás esta pieza que se ponga de pie o calle para siempre. 

4.- “For the Love of Money”. The O’Jays. Del álbum Ship Ahoy (1973). Funk y soul a plenitud en este tema cuya frase principal (la admonitoria “Don’t let, don’t let, don’t let money rule you”) no evita sin embargo caer en cierto cinismo al admitir que el dinero es el principal mandamás en el mundo (“Got to have it, I really need it”). Musicalmente, una larga y sabrosa travesía de más de siete minutos.

5.- “Money Talks”. The Kinks. Del álbum Preservation 2 (1974). Preservation Act 2 es un álbum poco considerado dentro de la discografía de los Kinks. Se trata de una especie de rock ópera al estilo de Arthur (1966), pero quizás aún más salvajemente satírica. “El dinero no puede respirar y el dinero no puede ver, / pero cuando saco un billete de cinco libras, la gente me escucha. / El dinero no puede correr y el dinero no puede caminar, / pero cuando extiendo un cheque, juro por Dios que oigo al dinero hablar”, canta uno de los personajes principales del álbum en esta gran canción de Ray Davies.

6.- “Take the Money and Run”. Crosby & Nash. Del álbum Wind on the Water (1975). Con el mismo título de la película homónima con la cual debutó Woody Allen como director en 1969, Graham Nash compuso esta pieza para señalar la codicia de algunos managers que había padecido durante su carrera. También se refiere a las personas a las que no les importa nada más que el dinero, esas personas que piensan que la plata es más un fin que un medio. Acompañado por el gran David Crosby (otra víctima de los managers) y con esas armonías vocales tan características que provenían de la época de Crosby, Stills & Nash, la pieza resulta espléndida.

7.- “Take the Money and Run”. Steve Miller Band. Del álbum Fly Like an Eagle (1976). En esta divertida canción, cuyo nombre es idéntico al del tema de Crosby & Nash, se narra la historia de dos amantes bandidos adolescentes y el detective que los persigue. Con el característico estilo desenfadado de Miller, la pieza transcurre como agua refrescante a lo largo de escasos dos minutos con un beat entre roquero y country que contagia sin remedio.

8.- “Money for Nothing”. Dire Straits. Del álbum Brothers in Arms (1985). Otra clásica absoluta: “Money for nothin’ and your chicks for free” es una de las líneas más célebres de la historia del rock. La composición de Mark Knopfler y Sting, con su letra tan deliciosa y políticamente incorrecta, es una absoluta maravilla que hoy sigue sonando fresca y propositiva (cameo vocal del entonces bajista de The Police incluido). A pesar de su burla a MTV (la canción narra la historia del empleado de una tienda de electrodomésticos, quien mira con envidia a las estrellas de rock que aparecen en los televisores del establecimiento que emiten la señal de MTV y siente furia porque él se jode en el trabajo, mientras que aquellos músicos ganan “dinero por nada y tienen chicas a su disposición”), la emisora transmitía el video gustosa. 

9.- “Money (In God We Trust)”. Extreme. Del álbum Extreme II: Pornograffitti (1990). Extreme fue un gran grupo noventero que navegaba con fortuna entre el grunge y el metal (más algo de buen pop rock). Con el enorme guitarrista portugués Nuno Bettencourt y el eficaz vocalista Gary Cherone al frente, el cuarteto originario de Massachusetts logró una trascendencia que sin embargo no perduró del todo. Este estupendo tema representa una crítica al poder del gran dinero y a su codicia, a la vez que muestra el sonido de Extreme en pleno. 

10.- “In Money We Trust”. Van Morrison. Del disco Born to Sing: No Plan B (2012). El fantástico y mítico cantante irlandés cierra esta relación de canciones sobre la plata, la lana, la guita, la pasta, la marmaja, con esta irresistible maravilla de hipnotizante ritmo oscuramente jazzero, cuya letra tiene una temática muy semejante a la de la canción de Extreme, en cuanto a la crítica que lanza a quienes convierten al dinero en una deidad (“If in money we trust, where’s God?”). El arreglo es francamente lujurioso. No encontramos mejor manera de finalizar nuestro monetizado listado.

viernes, 28 de enero de 2022

Faith No More y los 30 años de Angel Dust


Si bien Faith No More había alcanzado un punto muy alto con The Real Thing (1989) –para muchos el álbum que fundó el nü metal (gracias sobre todo a su asombroso tema “Epic”)–, en realidad se trataba de un trabajo irregular y con un cierto grado de inmadurez musical. Incluso la voz de Mike Patton sonaba un tanto incontrolada y en momentos demasiado aguda. En cambio, con Angel Dust (Slash Records, 1992) las cosas se asentaron y el quinteto de San Francisco logró su obra más acabada e impresionante, un disco casi perfecto.

  Angel Dust es de hecho una especie de contrarréplica a lo que Faith No More había hecho en el mencionado álbum de tres años antes. Si The Real Thing había dado paso a una serie de agrupaciones que quisieron imitar su sonido de funk-metal-rap (muy en la vena de lo que también hacían ya los Red Hot Chili Peppers), Angel Dust es en cambio una apuesta más creativa, más variada, más asentada, más artística y profunda. Incluso la voz de Patton suena de otra manera (su rango vocal es tan amplio como asombroso), como si el trabajo con su proyecto alterno, Mr. Bungle, hubiera cambiado sus puntos de vista y sus intereses musicales y letrísticos. Señalado como “el Frank Zappa de los noventa” (en una evidente exageración), este singular músico era capaz de crear atmósferas muy interesantes, contando siempre con la ayuda de sus cuatro extraordinarios y virtuosos compañeros: Jim Martin en la guitarra, Roddy Bottum en los teclados, Billy Gould en el bajo y Mike Bordin en la batería.

  Angel Dust abre de la mejor manera con “Land of Sunshine”, un tema duro, intenso y diabólicamente juguetón (muy zappiano si se quiere), con un ritmo contagioso, un órgano lleno de matices y vocalizaciones meta operísticas. Lo sigue la magnífica “Caffeine”, en un tono más metalero, una pieza llena de variantes y cambios de ritmo con un riff de guitarra que es como un anzuelo que no suelta al escucha. El tercer corte es muy posiblemente el mejor del álbum. “Midlife Crisis”, con su compás funk, sus partes rapeadas, sus variaciones, el uso del scratch, su letra (el que canta es un tipo que vive, claro, la crisis de la edad), los teclados que crean un ambiente enrarecido, las combinaciones de voces, en fin, una pequeña obra maestra de cuatro minutos y pico. El contraste –un buen contraste por cierto–- sobreviene con la curiosa y narrada “RV”, armonizada por una musiquita irónica y una letra interpretada como en un susurro gangoso, desde su tráiler estacionado, por un supuesto chofer. El quinto track es “Smaller and Smaller”, un heavy metal con aires arábigos, un tema poderoso, con partes que suenan a rock industrial para luego romper en una especie de canto tribal con armonías tenues de los teclados y la sorpresa de una guitarra que es como una sierra eléctrica que todo lo hace pedazos. Una gran composición. Por su parte, “Everything’s Ruined” empieza como una canción pop pero se corrige casi en seguida con una guitarra plenamente metalera. Sin embargo, su melodía mantiene siempre ese toque de pop oscuro un poco en la vena de Depeche Mode. El bajeo de Billy Gould es sencillamente fastuoso. El primer lado cierra con la extraña “Malpractice”, caótica y desconcertante y con un sampleo del Kronos Quartet incluido.

  La segunda parte de Angel Dust abre, igualmente, con enorme poderío. “Kindergarten” es un corte de rock duro aunque pausado (un upbeat), cuya letra ironiza sobre las preocupaciones existenciales de un adolescente. Un gran tema en el cual la guitarra de Jim Martin luce tanto como la voz de Patton. La continúa otra joyita, “Be Agressive”, que bien podría ser el tema de una película de terror de bajo presupuesto –¡ese órgano como del Fantasma de la ópera!– y cuyos coros femeninos, interpretados como si de un conjunto de porristas se tratara, le dan un toque de humor sensacional. “A Small Victory” es una canción muy bella, con un acorde de guitarra estupendo y un entusiasmo casi conmovedor, hermosa, lo que por supuesto no puede decirse de la escalofriante y rarísima “Crack Hitler”, en la que se narra la historia real de un traficante de drogas. 

  Angel Dust culmina con dos cortes contrastantes: el elaborado, intensísimo, denso hasta morir y cuasi sinfónico “Jizzlobber” y el cover instrumental de la nostálgica “Midnight Cowboy”, para un final absolutamente demencial y lleno de sarcasmo.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos

viernes, 21 de enero de 2022

10 canciones que siguen sonando actuales (y que aparecieron hace 50 años)


Hay creaciones musicales que jamás pierden su frescura y actualidad. Esto sucede en todos los géneros, desde la mal llamada música clásica hasta el jazz y, por supuesto, en el caso del rock y del pop acontece lo mismo. He aquí diez temas que surgieron en el lejano 1972, hace exactamente medio siglo, y que se mantienen vigentes, tanto para las generaciones que las escucharon en su momento, como para las que vinieron más tarde. Son canciones que han pervivido durante cinco décadas sin perder un ápice de su calidad y encanto. Al contrario: como los buenos vinos, han mejorado con el tiempo. 


1.- “Walk on the Wild Side”. Lou Reed. Del álbum Transformer. Un himno urbano minimalista contenido en el segundo álbum solista de Lou Reed. Producida por David Bowie, “Walk on the Wild Side” es en su letra un variado recorrido sexual por las calles de Nueva York y a la vez un retrato de quienes se reunían en The Factory de Andy Warhol. Irónica y salvaje, su música sin embargo es tranquila –una balada de mínimos acordes– y su acompasado beat constituye una marca en sí mismo. Una delicia de media centuria.


2.- “Heart of Gold”. Neil Young. Del álbum Harvest. Esta canción significó el primer (y hasta la fecha mayor) éxito de popularidad del sempiterno canadiense, quien a sus 76 años de edad hoy sigue afortunadamente ctivo, inagotable y produciendo nuevos discos y composiciones. Una pieza muy bella, en la vertiente acústica del gran Young (por cierto, James Taylor y Linda Ronstadt aparecen como coristas).


3.- “Ziggy Stardust”. David Bowie. Del álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. La pieza central de este álbum mítico de Bowie con el que nació este personaje (una estrella de rock alienígena bisexual que actúa como un mensajero de seres extraterrestres) al que durante dos años representaría en el escenario. La guitarra de Mick Ronson resulta esencial. Grandiosa canción para un grandioso disco.


4.- “Smoke on the Water”. Deep Purple. Del álbum Machine Head. Con uno de los mejores y más célebres riffs de la historia del rock, la pieza narra el incendio que se produjo en un casino de Montreux, Francia, en 1971, durante una presentación de Frank Zappa and the Mothers of Invention. El riff fue creado por Ritchie Blackmore (según el guitarrista, se trata del motivo principal de la Quinta Sinfonía de Beethoven tocado en sentido inverso; a saber) y se ha convertido en un standard clásico para todo guitarrista de heavy rock y metal.


5.- “Rocket Man (I Think It’s Going to Be a Long, Long Time)”. Elton John. Del álbum Honky Château. Al igual que la canción de David Bowie aquí incluida, “Rocket Man” también tiene que ver con el espacio exterior. La canción narra la historia de un astronauta que viaja en una misión interplanetaria y de cuánto extraña a los suyos mientras se encuentra en la inmensa soledad extraterrestre. Toda una belleza.


6.- “Superstition”. Stevie Wonder Del álbum Talking Book. Un claro ejemplo de lo fructífera que puede resultar la colaboración entre dos enormes talentos musicales, en este caso Jeff Beck y Stevie Wonder. El multiinstrumentista estadounidense invitó al guitarrista inglés para colaborar en las sesiones de su décimo quinto álbum y “Superstition” surgió como fruto de las improvisaciones entre ambos. Fue así como lo que en un inicio fue un jam terminó por convertirse en uno de los temas clásicos de Wonder… y de Beck.


7.- “Tumbling Dice”. The Rolling Stones. Del álbum Exile on Main Street. Un gran tema para uno de los más importantes álbumes de los Stones (para algunos críticos incluso el mejor). “Dados lanzados” es un irresistible  shuffle con toques de blues, un tema imperecedero que sigue formando parte del repertorio de las inagotables Piedras Rodantes. 


8.- “Do It Again”. Steely Dan. Del álbum Can’t Buy a Thrill. Un tema finísimo, con sabrosos ecos de jazz. Steely Dan, encabezado por la dupla de Donald Fagen y Walter Becker, poseía un estilo musical único que iría desarrollando con los años y que en esta pieza precursora tuvo uno de sus mejores antecedentes. Realmente espléndida y en muchos sentidos adelantada a su época.


9.- “Papa Was a Rolling Stone”. The Temptations. Del álbum All Directions. Una maravilla del soul y el funk de todos los tiempos. Aunque los compositores de Motown Records, Norman Whitfield y Barrett Strong, la escribieron originalmente en 1971 para el grupo The Undisputed Truth, al año siguiente realizaron una nueva versión, de más de once minutos, para los Temptations y fue esta la que se convirtió en un clásico instantáneo. A 50 años de distancia sigue sonando arriesgada y vanguardista.


10.- “Saturday in the Park”. Chicago. Del álbum Chicago V. Compuesta por el tecladista Robert Lamm, “Sábado en el parque” es una de las más conocidas canciones de la que en sus primeros discos fue una gran banda (entendida como banda aquella agrupación que incluye instrumentos de viento, principalmente metales) y poco a poco –sobre todo a partir de la muerte de su guitarrista original, el extraordinario Terry Kath– fue cayendo en una triste y vacua comercialidad. Aunque esta balada es plenamente comercial, conserva aún el espíritu y la sinceridad del primer Chicago y quizá por ello ha perdurado durante 50 años. 


(Lista publicada el día de hoy en la sección "Acordes y desacordes" de la revista Nexos)

viernes, 8 de octubre de 2021

Born Under a Bad Sign

 


“Born under a bad sign
I been down since I begin to crawl
If it wasn't for bad luck,
I wouldn't have no luck at all”.

Booker T. Jones / William Bell


“Nací bajo un mal signo, he estado jodido desde que comencé a gatear”, cantaba con todo su poderío el gran Albert King, en ese tema clásico del blues que es “Born Under a Bad Sign” que el propio King se encargó de inmortalizar. Aunque no se lamentaba del todo al exclamar con ironía: “Si no fuera por la mala suerte, no hubiera tenido suerte en absoluto”.
  ¿Mejor tener mala suerte con tal de que haya alguna suerte en la vida?
  La pregunta puede ser profundamente filosófica y terriblemente fatalista. Pero de eso canta en esencia el blues: de tristeza, de miseria, de sufrimiento, de traición, de sangre, de sudor, de lágrimas, de falta de perspectivas: de mala suerte. No es para menos. El blues nació en lo más pobre de lo pobre: los campos de esclavos del sur profundo estadounidense. Es la música de la gente más lastimada y envilecida, música surgida de las jornadas de trabajo de sol a sol, de los malos tratos de los amos blancos y sus capataces, de vivir en pocilgas, de padecer desde el nacimiento hasta la muerte. Eso tenía que verse como mala suerte, como pésimo destino, como nacer bajo un mal signo –y aquí recomiendo la lectura de la estupenda novela El ferrocarril subterráneo (The Underground Railroad, 2016) de Colson Whitehead que hace un impactante retrato, entre realista y realista mágico, de la esclavitud en el sur profundo de Estados Unidos).
  El blues es pesimista desde la base y el blues es el padre del jazz y del rock and roll –y de todo lo que hoy llamamos rock. ¿Ha permanecido por tanto esa visión negra (en todos los sentidos de la palabra) en la esencia del género? ¿Persiste ese bad sign entre los que han escrito y siguen escribiendo blues, rock y todos sus derivados? En buena parte es así.
  Cuando los blancos hicieron suyo al rhythm and blues primigenio –no ese híbrido de espanto al que soy se conoce como r&b (pronúnciese ar-and-bí)– y lo mezclaron con ciertas dosis de country and western, la tristeza y la melancolía no se alejaron. Cierto que en el naciente rock and roll había muchas melodías optimistas y muchos intérpretes bobalicones, pero su verdadera fuerza seguía apegada a las raíces del deep south y del delta del río Mississippi. El signo de la fatalidad y la mala suerte estaban ahí y eso lo vemos en una enorme cantidad de composiciones de músicos blancos de origen anglosajón: desde Bob Dylan y Grateful Dead hasta los Avett Brothers y Jack White, pasando por una larga lista que incluye a Janis Joplin, Jim Morrison, Tom Waits, Leonard Coen, Joni Mitchell, Eric Clapton, Joe Cocker, Led Zeppelin, Pink Floyd, Neil Young, Nick Cave, The Clash, Dire Straits, U2, Mother Love Bone, Sonic Youth, Nirvana, Pearl Jam, Elliott Smith, Bruce Springsteen, Jeff Buckley, Radiohead, etcétera, etcétera. Todos músicos blancos. Todos con una visión negra (o muy negra) de la vida. Todos nacidos bajo un mal signo que se refleja en sus letras y en su música.
  Por supuesto que ese bad sign del legendario blues compuesto por Booker T. Jones y William Bell no es una marca fatal y negativa. Todo lo contrario. Es lo que ha permitido al rock mantener su autenticidad en un mundo dominado por el utilitarismo, la superficialidad, la frivolidad y el consumismo. Es lo que le da sentido a una vida como la de Kurt Cobain y a su trágico final.
  Cobain, como pocos, encarna a esa mala suerte de la canción que da título a esta columna. A 27 años de su violento fallecimiento, cuando apenas tenía 27 años de edad; de esa autoinmolación que a muchos aún parece incomprensible, habría que buscar un motivo y verla de la misma manera en que el líder de Nirvana veía a su existencia: como un absoluto sinsentido.
  “La suerte no existe”, rezan los libros de superación personal. “Cada quien es el arquitecto de su propio destino”. ¡Ja! Esa es una gran falacia y el blues y el rock, desde sus más profundos infiernos, están ahí para contradecirla.
  “Hard luck and trouble is my only friend / I been on my own ever since I was ten” (La mala suerte y los problemas son mis únicos amigos / he estado solo desde que tenía diez años), prosigue cantando Albert King. ¿Quién es el señorito que se atrevería a desmentirlo?

(Publicada el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

jueves, 7 de octubre de 2021

The Warning - DISCIPLE

 

Esta noche, The Warning presentó su EP Mayday, primera mitad de lo que será su nuevo y tercer LP, aún sin nombre. El nuevo video es asombroso y la canción impresionante. Por ahora, aquí la dejo para deleite de todos.

sábado, 25 de septiembre de 2021

The Doors: L.A. Woman

 
 

L.A. Woman tiene su mayor importancia por ser el último álbum de los Doors con Jim Morrison al frente. Aparecido apenas tres meses antes de la muerte del vocalista, el disco no sólo continúa la tendencia bluesera y dura del anterior Morrison Hotel, sino que la profundiza y la hace más evidente. Sin embargo, a diferencia de su antecesor, hay aquí una tercia de temas que se convirtieron en éxitos radiofónicos. El disco presenta a un Morrison con la garganta un poco gastada, pero a cambio su sensibilidad está a tope y la forma de cantar –desgarrada, profunda-  es un absoluto homenaje a los grandes intérpretes de blues. Las dos máximas joyas del álbum son “Riders on the Storm” y “L.A. Woman”. La primera es una larga e inquietante composición con un dejo de jazz y un sentido melódico esplendoroso que contrasta con una letra ominosa sobre amores desesperanzados y asesinos en la carretera. Por su parte, “L.A. Woman” es un desenfadado canto a la ciudad de Los Ángeles y a sus mujeres. El tercer éxito de radio fue “Love Her Madly”, otro gran tema, una amarga aunque irónica y rítmica canción de amor. L.A. Woman es un disco de involuntaria despedida que dejó muy en alto el nombre de los Doors.

martes, 10 de agosto de 2021

Sólo he venido a decirte adiós (Homenaje a Bob Dylan)

 
Aquí el décimo sencillo de mi disco Nunca es tarde. Se trata de mi composición "Sólo he venido a decirte adiós" que escribí en 2011. Musicalmente, se trata de un homenaje al Dylan folky de principios de los años sesenta y la progresión armónica del tema está basada en la canción "Don't Think Twice It's Alright" del propio Dylan, quien a su vez se basó en la vieja canción tradicional de dominio público "Who's Gonna Buy Your Chickens When I'm Gone". En cuanto a la letra, habla del fin de una relación y de la despedida inevitable que se da cuando todo llega a su fin. Sé a quién se la compuse, pero no lo voy a decir.
   El arreglo que hice está inspirado en el muy olvidado trío de folk sesentero Peter, Paul & Mary y por eso invité a Nancy Zamher y a Mauricio "El Hueso" Díaz, para combinar sus voces junto con la mía (en ese sentido, también es un homenaje a aquel trío mexicano de rock folk que conformaron Jaime López, Emilia Almazán y Roberto González en 1980). El precioso arreglo de guitarras acústicas es del querido Hueso. El bajo (un genial pocket bass) lo toca el gran Aarón Cruz, Mauricio González se hace cargo del solo de armónica (muy dylaniano) y el pandero lo hace sonar Iris Bringas.
   El lyric video lo hizo la propia Iris Bringas.

viernes, 30 de julio de 2021

The Warning y el vértigo de la evolución

 

Cuando un artista crea una obra maestra, cuando llega a las máximas alturas, resulta difícil creer que después de ello logre superarse. Quizá se repita y consiga niveles de calidad artística semejantes, pero ir más adelante y elevarse por sobre sí mismo, no siempre es factible y en muchas ocasiones lo que sobreviene es el declive.
  En 2018, apareció en México un disco de rock excepcional, producido de manera independiente. Lo grabó un grupo de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, llamado The Warning. A muchos de quienes lo escuchamos con atención nos pareció no sólo un trabajo muy bueno, sino un álbum prácticamente perfecto, una sorprendente obra maestra. Sorprendente, porque las integrantes de dicho grupo eran tres muy jóvenes adolescentes, capaces de crear un conjunto de canciones sin mácula en un denso disco conceptual, el segundo larga duración del trío, titulado Queen of the Murder Scene (Q.O.T.M.S.)
  En lo personal, quedé asombrado por la calidad de ese plato y pensé que lograr algo mejor iba a resultar muy complicado, por no decir que imposible.
  Cuando se supo que, en plena epidemia del Covid-19, The Warning había firmado un contrato con la disquera estadounidense Lava Records para la realización de cinco álbumes y que sus integrantes se encontraban grabando el primero de ellos en Nueva Jersey, el deseo de conocer el nuevo material se hizo palpable, aunque con algunas dudas sobre si lograrían superar clásicos automáticos como “Dust to Dust”, “Stalker”, “Sinister Smiles”, “P.S.Y.C.H.O.T.I.C.”, The End” o la homónima “Queen of the Murder Scene”, por mencionar algunos cortes de aquel disco.
  La primera respuesta llegó el 21 de mayo pasado, con la aparición del primer sencillo del nuevo y tercer álbum (aún sin título revelado) del trío, “Choke”, tema ya reseñado en este mismo sitio de música de la revista Nexos.
  Hace unos días, el 23 de julio, fue dado a conocer el segundo sencillo: “Evolve” y de eso trata esta columna.

El frenesí de un grito
Si “Choke” representó un golpe de calidad que en muchos aspectos igualó o superó a las canciones del Q.O.T.M.S. (algo que, como ya dije, parecía casi imposible), “Evolve” fue más allá todavía y en algunos aspectos incluso aventajó a “Choke”.
  Se trata de una composición que quita el aliento. Una fusión de punk, thrash, metal y hard rock a mil revoluciones por minuto; un vértigo que arranca desde el primer acorde y no da punto de reposo hasta el último, tres minutos y 34 segundos después.
  Musicalmente, es un trayecto salvaje por una montaña rusa llena de rápidas subidas y empinadas bajadas, con curvas amenazantes y secos parones, un viaje acelerado que en determinado momento y sin previo aviso se adentra en una casa de los horrores de tonos bermellones que hielan la sangre con la irrupción de un inesperado y sobrenatural alarido de terror, un grito (cortesía de Paulina) que parece surgir de la garganta de una banshee irlandesa.
  La instrumentación de las tres hermanas Villarreal es un prodigio (algo ya habitual en The Warning). La sección rítmica no se detiene un segundo. Alejandra muestra y demuestra que su capacidad como bajista se aproxima al virtuosismo, con rasgueos que en el riff principal recuerdan al Muse de “Hysteria” y en el dramático break que anticipa el clímax nos remite al sonido de Judas Priest o el primer Metallica. Paulina no deja de deslumbrar con la enorme cantidad de recursos que posee como baterista, desde los secos golpes en la caja con que inicia la pieza hasta los sobrecogedores y brutales redobles (o feels) que introduce en los instantes precisos, sin regodearse en ellos (alguien dijo alguna vez que Pau Villarreal es la reencarnación de John Bonham y Keith Moon y no exageraba: la regiomontana cuenta con la fuerza y contundencia del primero y la velocidad y pericia delirante del segundo). Daniela vuelve a ser la voz principal, con esa garra y esa expresividad que ya son su sello característico (muy bien apoyada por las armonías vocales de sus hermanas), mientras que su guitarra trabaja toda clase de recursos y logra un par de complicados riffs que se quedan en la mente del escucha, además de un solo armónico impresionantemente intenso que lleva a la canción al punto del estallido (lo único que apuntaría a manera de crítica –y no es responsabilidad de la guitarrista, sino que se lo atribuyo a la producción– es el bajo volumen que se le dio en la mezcla a ese momento crucial en el que ella raspa las cuerdas superiores con la púa, de las notas agudas a las graves, justo antes de iniciar el ametrallante solo; un sonido más alto le habría dado a esa parte una fuerza escalofriante).
  Estructuralmente, la composición vuelve a mostrarse llena de cambios rítmicos y armónicos, algunos felizmente inesperados, como suele acontecer con las canciones del grupo. No son tantos y tan notorios como en “Choke”, en la que cada rompimiento da pie a una nueva construcción, pero el diseño composicional vuelve a ser fascinante, con una primera parte vertiginosa y una segunda aún más intensa y de una oscuridad estremecedora; ello para no hablar de los varios ganchos melódicos con que cuenta el tema, ya sea en la voz solista o en los coros.
  La música de “Evolve” es paroxística, de un frenesí rocanrolero que cambia de 4/4 a 7/4 –y viceversa– con una naturalidad que maravilla y provoca que el oyente quiera escuchar la canción una y otra vez, para quedar exhausto, aunque sin agotarse y deseando volver a adentrarse en ella las ocasiones que sea necesario.
  En cuanto a la producción, es alucinante. Con nota de sobresaliente en el definidísimo sonido de la batería.

¿Un mensaje feminista?
¿De qué habla la letra de “Evolve”? Básicamente y como su nombre lo indica, de evolucionar, de renacer, de cambiar. Sin embargo, no es una letra que lance un mensaje hueco, como de libro barato de superación personal. En absoluto. Como resulta habitual en las canciones de The Warning, el tema está compuesto en tonalidades menores (La Menor, según mi oído) y eso le da el dramatismo que requiere la letra, con versos contundentes como “Gold shall not define your worth / It’s not destruction, it’s rebirth”, “Pain is the price to survive / To evolve”, “Dry my tears cause I’m a weapon / Weapons never weep” o “I’m not in danger / I’m the danger” (la misma frase que pronuncia Walter White –o Heisenberg, si se prefiere– en el sexto capítulo de la cuarta temporada de Breaking Bad, aunque las hermanas Villarreal juran que se trata de una coincidencia, pues dicen jamás haber visto esa serie).
  El mensaje, pues, podría ser para todo aquel que escuche el tema, sin importar su género: “El oro no define tu valor, no se trata de destruir sino de renacer”; “Seca mis lágrimas porque soy un arma y las armas nunca lloran”; “El dolor es el precio para sobrevivir, para evolucionar” o, claro: “No estoy en peligro, yo soy el peligro”.
  No obstante, la idea podría apuntar también hacia una reivindicación feminista. De ahí otra línea como la que reza: “Muéstrame qué significa cambiar, ayúdame a ser algo más que sólo un objeto al que se disfraza”.

18 celulares y un dron
Mientras que el video de “Choke” se llevó 25 horas de grabación continua y una producción muy elaborada, el de “Evolve” se realizó en escasas dos horas, gracias al ingenio del equipo que rodea al grupo.
  Dirigido por Rudy Joffroy (manager de The Warning), no fue filmado con cámaras convencionales, sino que se emplearon 18 iPhones y un dron. La locación fue en un taller de autos de lujo en la ciudad de Monterrey, lugar que funcionó a la perfección, y el trabajo más elaborado se dio en la edición del material, toda una obra de precisión que debe haber llevado varios días.
   La primera parte del video se grabó con luces blancas, mientras que para la segunda mitad se empleó una iluminación de tonalidades rojizas que creó un ambiente muy a la Tool o a la Marilyn Manson.
  Estéticamente, Alejandra, Daniela y Paulina cambiaron los atuendos de “Choke”, en los que predominaba el negro, por trajes blancos que las hacen lucir espectaculares.

A manera de conclusión
Desde 2014, estamos siendo testigos (aunque muchos no se han dado cuenta) del desarrollo de un fenómeno musical que jamás se había producido en México. Por extraños y misteriosos designios del destino, para el surgimiento de The Warning se conjuntaron diversos factores que dieron como resultado al que probablemente sea el mejor grupo de rock que ha existido en los más de 60 años que este género tiene de existencia en nuestro país.
  Talento artístico y musical, genio inagotable para la composición, virtuosismo instrumental, voces estupendas, sentimiento y alma (es decir, feelin’ and soul) en la interpretación, profesionalismo y claridad en las metas, exhaustividad para ensayar, sacrificio para dejar de lado muchos aspectos de una vida “normal”, presencia escénica, gran uso de las redes sociales y de todas las plataformas posibles, bilingüismo, inteligencia, inventiva… y por si fuera poco: carisma, soltura, sencillez, sentido del humor, frescura y encanto personal.
  Todos los planetas perfectamente alineados.
  Y no olvidemos que todavía nos falta conocer diez temas del nuevo álbum. Apenas llevamos dos cortes del mismo y ya Daniela comentó en una entrevista que lo mejor del disco está todavía por llegar. Vista la creciente evolución de The Warning, habrá que creerlo.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Memorias de un melómano sarnoso" de "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos).

viernes, 9 de julio de 2021

Los cinco álbumes fundamentales de Metallica

 


La trayectoria de Metallica ha sido muy diferente a la de la mayor parte de los grupos, no sólo del heavy metal sino del rock en general. Con un origen auténticamente garagero y de fuertes tintes punkeros, el cuarteto californiano pasó al rock de metal con una energía, una vitalidad y una capacidad creativa tan notables que en muy poco tiempo logró situarse como virtual progenitor del trash.
  Sus primeros discos no daban concesión alguna y sus seguidores, como en pocos casos, podían llevar con orgullo el título de fanáticos. Frente a muchas agrupaciones supuestamente metaleras de los años ochenta que hacían una música cada vez más comercial y  complaciente, cada vez más ambigua y afectada, casi hermafrodita, Metallica se erguía como un conjunto de tipos agresivos y políticamente incorrectos, provocadores, valemadristas. Su música estruendosa, de riffs espeluznantes, ritmos vertiginosos y letras llenas de mensajes oscuros les ganó una feligresía de cuya fidelidad a ultranza muy pocos grupos, de cualquier género, podían presumir. Cliff Burton, su legendario y malogrado bajista primigenio, era el emblema del cuarteto y su muerte, en 1986, no hizo sino afirmar su halo mítico.
  Cuando al iniciarse la siguiente década James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammet y Jason Newsted –influidos por numerosos factores, entre los cuales el surgimiento del grunge fue fundamental– decidieron dar un viraje radical con el disco Metallica (mejor conocido como el álbum negro), sus más conspicuos y ortodoxos seguidores se sintieron traicionados y el viejo romance con sus ídolos se hizo pedazos. Para bien o para mal, Metallica no volvería a ser el mismo y sus fanáticos tampoco. Nuevos discos llegarían y un nuevo público, influido por MTV y los medios masivos, se acercaría a la agrupación.
  Con todo, a casi 40 años de su surgimiento y a 30 del polémico álbum negro, la influencia del pasado permanece poderosa. Metallica conserva aún su aura de leyenda viva y eso le alcanza para seguir trascendiendo, como lo hace ahora, en este 2021, con el anuncio de una espectacular caja para celebrar las tres décadas del Metallica y su regreso a los escenarios en noviembre próximo, dentro del festival Rockville, en Daytona Beach, Florida, donde compartirá escenario, entre otros, con Nine Inch Nails, Deftones, Stone Temple Pilots, Cypress Hill, Rob Zombie, Social Distortion, Mudvayne, Mastodon, Anthrax, Lynyrd Skykyrd y el power trío mexicano The Warning.
  He aquí los cinco discos básicos de Metallica; de hecho, sus cinco primeros.


Kill ‘Em All (Polygram, 1983)

Para muchos, este disco marcó el nacimiento del thrash metal. Desde sus inicios, Metallica logró fusionar las influencias de lo que en ese entonces se conocía como la nueva ola del heavy metal británico (movimiento encabezado por agrupaciones como Iron Maiden, Judas Priest y Diamond Head) con el vertiginoso speed metal de sus padres putativos, Motörhead, y la rabia sin pausas del punk más duro. Con James Hetfield y Dave Mustaine en las guitarras, Kill ‘Em All hace honor a su nombre con un rock asesino de alto octanaje. Los temas están estructurados de una manera muy compleja, con tal cantidad de secciones que recuerdan la forma de composición del rock progresivo, si bien el estilo furioso y agresivo de cada corte nada tiene que ver con el mencionado género. Cuando apareció en 1983, hace 38 años, el álbum causó una conmoción que hoy persiste entre los seguidores del thrash. Y no es para menos: apoyado en una sección rítmica verdaderamente demencial (Cliff Burton en el bajo, Lars Ulrich en la batería), el cuarteto dio rienda suelta a sus demonios internos y logró abrir una caja de Pandora cuyos espíritus malévolos aún siguen vagando por el mundo. Visto a distancia, tal vez Kill ‘Em All no sea un disco tan grande como se consideró en su momento. Sin embargo, su gran virtud es haber sido el detonador de un estilo que tendría una enorme cantidad de seguidores –grupos y fanáticos–- y al que el propio Metallica no podría seguir el paso por mucho tiempo. Álbum fundacional, obra pionera, su música conserva la suficiente actualidad como para estremecer a quien escucha temas tan salvajes como “Motorbreath”, “Whiplash”, “Hit the Lights”, “Jump in the Fire” y “Seek & Destroy”. Estremecedor e impactante, se trata de un disco básico para comprender la posterior carrera de Metallica.

Ride the Lightning (Polygram, 1984)
Posiblemente el disco más influyente de Metallica en los terrenos del heavy metal subterráneo. Ride The Lightning no sólo superó los planteamientos y las propuestas que se esbozaron en Kill ‘Em All, sino que mostró un claro adelanto en lo musical y lo letrístico. Si su antecesor fue el álbum fundacional del thrash, éste es la piedra de toque que mostraría la dirección a seguir por el metal durante la década de los ochenta y aun más allá. En tan sólo un año, Metallica mostró un avance artístico impresionante. Cada uno de los temas de este su segundo álbum tiene una razón de ser y se interrelaciona con el resto de los cortes, sin que se trate necesariamente de una obra conceptual. Con inusitada agresividad y sin contemplación alguna, el cuarteto apostó por el desbordamiento creativo, mediante una fuerza que puede escucharse sin pausa a lo largo del disco. Se trata de un trabajo experimental en muchos sentidos, un álbum que sacude los prejuicios y conformismos de un género que se había atorado en cierta complacencia y que necesitaba urgentes inyecciones de adrenalina. En el plano estrictamente musical, Ride the Lightning es un imaginativo tour de force de principio a fin. Lo es desde la explosión (luego de un breve juego introductorio de guitarras acústicas) de la inicial “Fight Fire with Fire”, ejemplo de poderío guitarrístico y percusivo. Metallica no rehuye las influencias de otros géneros, en especial el rock progresivo, pero lo hace a su manera, fusionándolas con su muy particular estilo. Eso le permite ir y venir, entrar y salir, por pasajes instrumentales tan admirables como los de “The Call of Ktulu”. Tampoco se asusta con el uso de la melodía y la armonía, en franco desafío a quienes piensan que el metal es ante todo ritmo y estruendo. “Fade to Black” es en ese sentido una composición ejemplar, una de las más completas del disco, de alguna manera el equivalente a lo que “Stairway to Heaven” fue para Led Zeppelin. Con Ride the Lightning, Metallica no sólo se mostró como una agrupación omnipotente, sino que revolucionó el paisaje todo del heavy metal a nivel universal.

Master of Puppets (Polygram, 1986)
Un clásico de Metallica. A pesar de que no significó un paso adelante con respecto a su antecesor y aunque de hecho repite casi como una calca la estructura de éste, Master of Puppets ha sido considerado por más de un especialista como “el mejor álbum de heavy metal jamás grabado”, lo cual suena como una franca exageración. Es cierto que en lo comercial superó con creces a los dos álbumes anteriores (con tres millones de copias vendidas) y que irrumpió con fuerza en las listas de popularidad. Sin embargo, su calidad artística, aunque innegable, no supera a la de Ride the Lightning; si acaso, sólo la pule un poco. ¿Tuvo miedo el grupo de tomar un riesgo tan grande como con su predecesor? ¿Eligió conformarse con lo ya probado y no aventurarse tan pronto? El caso es que Metallica jugó a lo seguro y volvió a atinar, por más que a algunos esto les haya parecido un signo de conservadurismo. La mayor virtud de Master of Puppets es sin duda su solidez, el ser una especie de bloque sin fisuras, si bien contiene también una mayor variedad estilística, siempre dentro de los límites del metal pesado. Las composiciones aquí son en su mayoría de mayor duración y las letras resultan aún más socialmente críticas que en Ride The Lightning. El thrash continúa presente en temas como “Damage, Inc.” y “Battery” y los arreglos son muy elaborados en “Master of Puppets”, “Dispossable Heroes”, “The Thing that Should Not Be” y la instrumental “Orion”. Master of Puppets significó la consolidación de Metallica como líder del movimiento metalero de los ochenta y un reto enorme para los años por venir.

…And Justice for All (Polygram, 1988)
Primer disco de Metallica sin el trágicamente desaparecido Cliff Burton y primero también con el nuevo bajista Jason Newsted, …And Justice for All es una de los obras menos comprendidas de Metallica. Recuperando el impulso creativo y experimental mostrado en Ride the Lightning, el potente cuarteto se lanzó a la aventura de crear un álbum mucho más sofisticado y elaborado que cualquiera de sus trabajos previos. Con un sentido cercano a lo conceptual, con una temática letrística que hablaba sobre una sociedad en plena decadencia, con sonidos inusuales logrados en el estudio de grabación, con una producción bizarra y estruendosa, Metallica alcanzó y rebasó límites que confundieron a más de uno. Es debido a este pandemonium musical que …And Justice for All no es un disco perfecto y, por el contrario, muestra errores de ecualización que en ocasiones borran literalmente el sonido del bajo del debutante Newsted. No obstante, con todos sus relativos defectos, el cuarto opus en la discografía del grupo propone una complejidad estilística y estructural que convierte a cada canción en una suite llena de cambios y movimientos tan desconcertantes como fascinantes. Difícil de captar, de aprehender en las primeras escuchas, el álbum se va haciendo más y más disfrutable conforme se penetra en sus intrincados y remotos rincones. No deja de ser paradójico que un disco tan poco accesible haya proveído a Metallica de su primer éxito sencillo: la canción “One”, una balada-thrash que llegó al famoso y discutible Top 40 de las listas de popularidad estadounidenses, a pesar de su prolongada duración de más de siete minutos. Sobrevalorado por algunos, subvaluado por otros, …And Justice for All puede ser acusado de resultar en extremo pretencioso (algunos de sus temas son casi imposibles de reproducir en concierto), pero su importancia artística será mejor evaluada en el futuro.

Metallica (Polygram, 1991)
El mayor golpe de timón en la historia de Metallica. El disco que les significó perder a miles de seguidores a cambio de ganar millones de fanáticos… y de dólares. Metallica es el álbum más polémico de la agrupación, su entrada a las grandes ligas del superestrellato y su salida (por expulsión y autoexpulsión) de las oscuras sendas del metal subterráneo. Intoxicado quizá por los excesos experimentales de …And Justice for All, el cuarteto optó por dar un giro radical y dirigirse a lo básico. Había que simplificar su música, escribir canciones más cortas; si eso les redituaba una mayor comercialidad, no hallaron razón para rehusarse. Así, Hetfield, Ulrich, Hammett y Newsted volvieron a correr otro riesgo, pero esta vez en sentido contrario al que corrieron con Ride the Lightning. De pronto, el factor melódico cobró una mayor importancia y así surgieron composiciones más accesibles para el gran público. Sin perder su esencia metalera, conservando parte de su fuerza thrashera pero dando evidentes concesiones, surgieron temas como “Enter Sandman”, “Sad But True”, “Wherever I May Roam” y sobre todo “Nothing Else Matters”, con las cuales escandalizaron a las buenas-malas conciencias de sus viejos seguidores, quienes los acusaron de traición de lesa metalidad. A la comercialidad de Metallica contribuyó el productor Bob Rock, quien dio al disco un sonido pulido, muy alejado de las “sucias” grabaciones de las cuatro obras anteriores del grupo. A pesar de la condena del sector más ortodoxo de los fanáticos de Metallica o tal vez por ello, este disco significó, hace ya 30 años, una nueva provocación que influyó en el heavy metal y cambió la dirección del mismo –¿para bien, para mal?– de manera irreversible.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos)

lunes, 5 de julio de 2021

Amanecer( lyric video)

 

Aquí "Amanecer", el noveno sencillo de mi álbum Nunca es tarde. La canción la compuse originalmente en 2016, para una amiga que estaba pasando por un mal momento en su vida y quise darle ánimos y esperanza por medio de la música. El mensaje, sin embargo, puede trasladarse para toda la gente en estos largos meses de oscura pandemia, una noche de la cual tarde o temprano habremos de salir para encontrar un nuevo amanecer. 

Guitarras acústicas (en especial la de Jehová Villa Monroy), flautas (de María Emilia Martínez), cuerdas (a cargo de Jazmín Rivera), piano (Ernesto Guerrero), voces (mucha atención a la bellísima participación vocal de mi querida y admirada Iris Bringas) y el juego de dos bajos Aura Ortiz y Aarón Cruz). La masterización corrió a cargo de Arcadio Hernandez Duarte y el lyric video es obra de mi hijo Jan Hellion). Ojalá la puedan escuchar y ojalá que les guste. Toda opinión será bienvenida.