
Nirvana es uno de esos grupos emblemáticos de una época, una de esas
entidades que marcan un cambio y una ruptura radicales. Parte de un
movimiento no sólo musical sino social, cultural y hasta político, el
trío lidereado por el compositor, vocalista y guitarrista Kurt Cobain
pronto se convirtió –posiblemente de manera involuntaria– en cabeza de
ese mismo movimiento al que pronto se le dio el nombre de grunge y que
determinaría la historia del rock durante los últimos años de la década
de los ochenta y, sobre todo, los primeros de los noventa. Con un sonido
que combinaba la pesadez y la dureza del heavy metal con la aspereza y
la austeridad del punk, con letras que mostraban el desencanto, la
rabia, la tristeza, la impotencia, la apatía de toda una generación, el
grunge –cuyo origen geográfico se situó para fines prácticos en la
lluviosa ciudad de Seattle, al noroeste de los Estados Unidos– pronto
cundió en todo el mundo y agrupaciones como Green River, Mudhoney,
Mother Love Bone, Soundgarden, Alice in Chains, Tad, Screaming Trees,
Pearl Jam, Temple of the Dog, Candlebox, Hole y muchas otras surgieron
para revolucionar una música que siempre se ha negado a estancarse.
Dentro de ese panorama, Nirvana fue quizá la banda más significativa,
no sólo desde un plano artístico sino, sobre todo, por su actitud e
inteligencia. Kurt Cobain, el bajista Chris Novoselic y el baterista
Dave Grohl conformaron un proyecto cuya propuesta permeó las mentes y
las conciencias de millones de jóvenes, mismos que, paradójicamente,
terminaron por elevar al trío a un estrellato que, en especial Cobain,
rechazaba y repudiaba. Esta súbita fama, aunada al uso y abuso de drogas
y al vertiginoso ritmo de vida impuesto por el
star system, hizo
que las cosas se volvieran inmanejables y que el sueño se transformara
en pesadilla, una pesadilla que culminaría en tragedia y muerte. La de
Nirvana es, pues, una historia que de rosa nada tiene, pero que dejó un
legado musical que ha trascendido y que permanecerá por siempre.
Aquí, las seis obras discográficas imprescindibles del grupo, cuatro en estudio y dos en concierto.
Bleach (Sub Pop, 1989)Cuando
Nirvana grabó este disco para Sub Pop, nadie pudo imaginar el impacto
que el grupo de la pequeña y lluviosa ciudad de Aberdeen, en el
noroccidental estado de Washington, tendría un par de años después. Se
trata de un trabajo poco consistente, realizado antes de la irrupción
del movimiento grunge. Producido por Jack Endino y grabado en unos
cuantos días, con un costo ridículo de seiscientos dólares,
Bleach
presenta algunas canciones interesantes y otras que sólo para los
seguidores más aferrados del grupo no pasaron al olvido. Es lógico que
así sea. Nirvana era un grupo en formación y ni siquiera se trataba del
trío que dos años después irrumpiría para cambiar el curso de la
historia del rock. Dave Grohl aún no estaba en la agrupación y otros dos
bateristas –Dale Crover y Chad Channing- compartieron los diferentes
cortes del álbum. En los créditos aparece el guitarrista Jason Everman;
sin embargo, el tipo no tocó una sola nota en la grabación. ¿Por qué se
le incluyó entonces? Porque fue él quien puso los seis billetes de cien
dólares que costó hacer el disco.
Bleach es una obra
densa, agresiva, confusa; las letras de Kurt Cobain son a su vez oscuras
y difíciles de descifrar. Musicalmente hay una gran influencia de Black
Flag por un lado y de Black Sabbath y los Melvins por el otro, lo cual
se nota en los pesados
riffs de la guitarra y el bajo y en la
rítmica post punk de varios temas. Sin embargo, hay aquí un par de
canciones que habrían de trascender con los años: la muy conocida “About
a Girl” –escrita por Cobain para Tracy Marander, su novia de aquellos
días y con quien acababa de terminar, por lo que la letra es una mezcla
de sentimientos encontrados de amor y desamor– y la potente y enigmática
“Blew”. También destacan la pre grungera “Negative Creep”, la
desesperada “Paper Cuts” y una curiosidad: el
cover a “Love
Buzz”, composición de Robbie Van Leeuween, integrante del sesentero
grupo holandés de pop Shocking Blue. Lo demás no es precisamente un
material imperecedero. O como diría el crítico norteamericano Stephen
Thomas Erlewine: “
Bleach es más que una curiosidad
histórica, dado que contiene algunas grandes canciones, pero no se trata
de un clásico perdido… Es el debut de una banda que muestra potencial,
pero que no lo ha desarrollado todavía”.
Nevermind (DGC, 1991)¿Sabían
Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl que su segundo álbum habría
de revolucionar al mundo de la música, al irrumpir con fuerza brutal y
sacudir el anquilosamiento discográfico de principios de los noventa,
provocando el surgimiento de lo que se conocería como rock alternativo?
Lo más seguro es que no. Sin embargo, estos tres músicos propusieron
todos los ingredientes para que así fuera. El arribo de Grohl a la
batería resultó fundamental. Con su poderío sobrehumano y su precisión
técnica, dio al grupo la base rítmica perfecta para que las
composiciones de
Nevermind –todas ellas, sin excepción–
resultaran joyas musicalmente impecables. Pero no sólo fue eso. El disco
es un reflejo exacto de la angustia existencial de la juventud de
aquella época, sumergida en la desesperanza, el desempleo, la falta de
oportunidades, el consumismo, el alcoholismo y la adicción a las drogas.
Desde la inicial “Smells Like Teen Spirit” que a pesar de la ironía de
su título se convirtió en un himno automático de los jóvenes de todo el
planeta,
Nevermind es una colección de doce composiciones
de impecable estructura, con todos los elementos clásicos de la canción
popular, pero sin una intención comercial preestablecida. Otro elemento
básico está en la producción de Butch Vig, quien supo explotar los
talentos del trío y construir un edificio sin fisuras aunque bien
iluminado y aireado (y airado también, por supuesto). Difícil resulta
destacar alguno de los cortes, dado el nivel de cada uno. ¿Cómo decir
que “In Bloom” es mejor que “On a Plain”, que “Come As You Are” supera a
“Breed” o que “Polly” deja atrás a “Something in the Way”. Imposible.
Sería altamente injusto. Disco catártico y salvaje pero armónico y
melodioso, sus contradicciones lejos de oponerse se complementan de
manera magistral. Testimonio de un momento histórico,
Nevermind es el
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de
los noventa y no hay exageración al afirmarlo. Se trata de una obra
maestra, revolucionaria, que combina los mejores componentes del rock y
del pop y que posee una actitud rebelde y anticonvencional que ha
trascendido con el tiempo hasta alcanzar una estatura mítica. Y aunque
visto sin apasionamientos podría ser algo tan simple como un gran disco
de punk, la verdad es que el arte implícito y explícito que hay en él lo
convierte, a todas luces y a 30 años de haber aparecido, en un hito
para la posteridad.
Incesticide (DGC, 1992)Cuando muchos esperaban que después de
Nevermind Nirvana reapareciera con otro álbum fuera de serie, Kurt Cobain y compañía lo hicieron…, pero a su modo.
Incesticide,
su tercer trabajo discográfico, no fue con toda probabilidad lo que su
público y su casa disquera esperaban precisamente. Lejos de salir con
una nueva serie de temas producidos por Butch Vig, el grupo prefirió
sacar una colección de
demos, lados B,
covers, cortes
guardados y grabaciones para la BBC. Se trata de un disco que compila
rarezas y a 29 años de distancia eso es lo que le da su mayor encanto y
valor. Si en su momento algunos criticaron a
Incesticide por
ser una obra oportunista que trató de aprovechar el éxito de su
predecesor con piezas de relleno, la distancia permite evaluar las cosas
y contemplarlas en su justa proporción. Es por ello que hoy podemos
decir que se trata de un álbum interesantísimo justamente por su
desproporción y falta de unidad conceptual. He aquí al Nirvana anterior a
Nevermind, con un sonido más parecido al de
Bleach, aunque menos oscuro y con mayor orientación al rock pop. En
Incesticide
pueden conocerse también las raíces setenteras del trío, su amor tanto
por el metal de Alice Cooper como por el punk garage de los Stooges, el
rock pop de The Vaselines y el indie rock de Sebadoh. He aquí el
espíritu alternativo de Nirvana en su máxima expresión caótica y
anticonvencional. Hay temas que pueden considerarse esenciales, como
“Dive” –el único producido por Vig–, “Sliver” y la extraordinaria
“Aneurysm”, pero también joyas desconocidas como “Beeswax”, “Downer”,
“Mexican Seafood” (sic), la cruda “Aero Zeppelin”, la bizarrísima
“Hairspray Queen” y su preciosa versión a “Molly’s Lips” de The
Vaselines. Sin duda se trata de un disco que debe ser revalorado.
In Utero (DGC, 1993)He
aquí el que puede considerarse como el testamento musical de Nirvana.
Producido por Steve Albini, de antecedentes que lo relacionaban con los
Pixies, se dice que los tres integrantes del grupo pretendían realizar
con su cuarto disco algo semejante al
Surfer Rosa del grupo de Black Francis. Sin embargo, no sería por eso que
In Utero
alcanzaría la categoría de mito, sino porque en el mismo muchos vieron
algo así como la carta de despedida de Cobain antes de suicidarse.
Algunos incluso presumieron que el hecho ya se veía venir al escuchar
las letras altamente nihilistas y depresivas de los temas que
conformaron el disco. Se trata de un trabajo tosco, áspero, difícil y a
ello contribuyó de gran manera Steve Albini, quien no sólo había
producido a los Pixies, a Helmet, a The Jesus Lizard y a PJ Harvey, sino
que también había sido un músico punk con los grupos Big Black y
Rapeman, de los cuales Cobain fuera gran admirador. De ahí el sonido
punk del disco, grabado prácticamente en directo, con muy pocas
sobregrabaciones o trucos de estudio. El álbum se hizo en escasas dos
semanas, sin intervención alguna de gente de la disquera. Todo parecía
perfecto, hasta que el resultado final llegó a manos de los directivos
de Geffen, quienes se negaron a aceptarlo y tras largas discusiones que
enfrentaron a la compañía, el productor y el grupo –todos contra todos–,
este último aceptó otorgar algunas concesiones, como volver a producir
“Heart-Shaped Box” y “All Apologies” (el encargado de ello fue Scott
Litt, quien había trabajado con REM) y regrabar partes del bajo y la voz
a lo largo del disco. Albini quedó muy decepcionado con los cambios en
In Utero, a pesar de su éxito inmediato. Con todo, el último álbum en estudio de Nirvana –que en un principio iba a llamarse
I Hate Myself and Want to Die y luego
Verse Chorus Verse,
ambos títulos de composiciones que al final no fueron incluidas–
contiene temas clásicos como los dos mencionados líneas atrás, además de
la provocadora “Rape Me”, la iconoclasta “Milk It” y la felizmente
irónica “Dumb”.
MTV Unplugged in New York (DGC, 1994)Si
algo demuestra este disco es que detrás del estruendo, la
sobreamplificación y la distorsión que solía emplear Nirvana en sus
conciertos, había canciones perfectamente construidas, las cuales, al
ser desprovistas de sus ruidosos arreglos eléctricos y arregladas con
elementos acústicos, brillaban por lo que eran en esencia: melodías
escritas con sutileza y sensibilidad. Esto parecía un contrasentido
tratándose del grupo emblemático del grunge, pero no lo era.
MTV Unplugged in New York
es, por tanto, una sobria demostración del talento de Kurt Cobain como
compositor y del de los integrantes del grupo como ejecutantes de sus
respectivos instrumentos. Grabado en vivo para el célebre programa de la
televisora MTV, este disco contiene una perfecta selección de temas,
entre originales de la banda y algunos
covers. Desnudo,
desgarrado, sincero, en ocasiones escalofriante, el estilo de Nirvana en
este álbum nos lleva por parajes musicales que van de la recreación de
piezas propias como “All Apologies”, “About a Girl”, “Come as You Are” y
“Polly” a versiones de temas de David Bowie (la genial “ The Man Who
Sold the World”), el viejo bluesero folk Leadbelly (“Where Did You Sleep
Last Night? ”), las Vaselines (“Jesus Doesn't Want Me for a Sunbeam ”) y
tres temas de Meat Puppets, héroes musicales y amigos personales de
Kurt Cobain.
From the Muddy Banks of the Wishkah (DGC, 1996)Contraparte sonora del
Unplugged in New York,
From the Muddy Banks of the Wishkah
muestra a Nirvana en todo su potencial rocanrolero. La intención de
este segundo disco posterior a la muerte de Cobain y a la desaparición
de Nirvana fue la de mostrar lo que era el trío en el escenario, cómo
sonaba en vivo, cómo se comportaba, cómo variaba las versiones de los
temas grabados originalmente en estudio. Con pocas composiciones famosas
–si acaso “Smells Like Teen Spirit”, “Lithium”, “Sliver”, “Heart-Shaped
Box” y “Polly”–, el álbum se inclina por cortes oscuros pero no menos
buenos, como “School”, “Drain You”, “Been a Son”, “Spank Thru”,
“Scentless Aprentice” y “tourette’s”, entre otros. No se trata de un
solo concierto, sino de tomas realizadas en distintas presentaciones de
Nirvana, algunas grabadas con medios limitados, pero que por lo mismo
dan al disco un gran valor y lo convierten no sólo en un testimonio de
lo que fue el grupo en escena sino en una obra absolutamente
disfrutable.
(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes, el sitio de música de la revista Nexos)